Soy hermana, hija, amiga y mamá perruna. Mi camino en la psicología no empezó con una gran vocación por entender la mente humana. Inicié la carrera sin saber muy bien qué encontraría ni hacia dónde me llevaría. Al graduarme, nunca imaginé que acabaría trabajando acompañando el dolor, el miedo, el sufrimiento, la alegría, la ilusión y los proyectos de otras personas.
La curiosidad y el compromiso me llevaron a asumir la responsabilidad —y el privilegio— de trabajar con, por y para las personas y su salud mental. Hoy ejerzo desde un enfoque integrador, que me permite adaptarme a las necesidades únicas de cada persona y ofrecer un acompañamiento flexible, respetuoso y coherente con su historia.



